MI VISITA RECIENTE A LA PRESENCIA DE ECOLAPIOS DE CONGO (KINSHASA Y KIKONKA)

Viví un año en Congo con los hermanos escolapios de Camerún que están al frente de esta Misión de los Escolapios, que hoy es ya Vicariato, diseñamos e impulsamos varios proyectos, sobre todo en Kikonka (a unos 120 Km de Kinshasa): reconstrucción de la escuela de Primaria, construcción de tres pozos de agua, construcción de un centro para niños abandonados, proyecto de formación de la mujer (en agricultura, sanidad e higiene, alfabetización) y construcción de un seminario escolapio con capacidad para 35 jóvenes. Todos en colaboración con la Orden, con la Fundación ITAKA, con Manos Unidas y la Conferencia Episcopal Española.

Seguir e impulsar estos proyectos, junto con los hermanos escolapios de allá, ha sido la razón de ser de mi visita reciente. Y ver y encontrarme con la gente, sobre todo de Kikonka, los niños/as, las familias, los fieles de la parroquia… Fui muy feliz entre ellos y también sufrí con sus sufrimientos y penas (hambre, enfermedad, muertes, falta de agua potable, de medicinas, sin una estructura sanitaria mínima siquiera…). Entre los más pobres aprendí a ver un rostro de Dios que sólo se ve entre ellos: rostro de misericordia, un Dios que sufre y reclama amor justicia y verdad, el pobre como sacramento de Dios y de su presencia. Y aprendí a dar valor sólo a lo importante, a ser más austero y a vivir el día a día como oportunidad de vida plena y de relación que genera vida. Aprendí que ni el poder ni las armas, ni la imagen cambian el mundo; sólo el amor que me pide cambiar el corazón.

He vuelto contento y también triste… Contento porque el proyecto de mujer de Kikonka funciona bien, hay doble de alumnos en nuestras tres escuelas (al obligar el gobierno a tener la gratuidad escolar para todos), en el seminario escolapio hay ya 17 aspirantes y pre-novicios de 18 a 23 años, el centro de niños abandonados avanza en su construcción, porque los escolapios deambulan por los caminos y aldeas conociendo, visitando y ayudando en lo posible las familias más pobres, “pastores con olor a oveja” en palabras del Papa Francisco; y porque en Kinshasa tenemos ya una presencia de Misión de los Escolapios en una parroquia y escuela pequeñas y pobres pero ahí nos envía Dios y Calasanz. Hay ya 3 sacerdotes escolapios congoleños, 5 novicios y 5 juniores de filosofía y teología.

Y he vuelto triste porque he visto casas, familias, niños/as que continúan instalados en la pobreza y hambre total, sin futuro y sin presente en muchos casos, adolescentes y niños abandonados que viven y duermen en los caminos y las calles; lo que vi cuando vivía el año que estuve; un país que no sólo no avanza, sino que retrocede. Muchas miradas muy tristes, pidiendo ayuda para pagar los libros y cuadernos y bolígrafos, para llevar a la práctica un pequeño proyecto agrícola, o un pequeño taller de serrerías o de reparación de motos… Aquí decimos que… “no tienen nada pero son felices”; y esto no es verdad: sus miradas son de pena y tristeza; sí miran a la persona con alegría y gozo de encontrarnos, pero cuando les pregunto sobre cómo viven o qué piensan de su futuro, bajan la mirada (sobre todo los adolescente, jóvenes y adultos) responden “no tengo nada que hacer, no tengo ningún futuro…”

Hoy el Trastévere romano que encontró Calasanz está ahí y los Escolapios somos muy necesarios en ese país.

Javier Negro.